Insomnio en los laureles/ Manifiesto para el Comandante Eterno, leído por Freddy Ñañez y Giordana García hoy en el Cuartel de la Montaña

En 1953 el escritor estadounidense Brad Bradbury publica la novela Fahrenheit 451, por lejos: una de las distopías más terroríficas concebidas hasta el momento. El título de la obra alude nada más y nada menos que a la temperatura exacta en que arde el papel, o mejor aún, los libros. De principio a fin el autor expone en la novela la persecución, por parte del imperio, de los libros, de la literatura, en tanto que herramientas de la memoria y la imaginación: dos componentes de lo puramente humano. Lo oscuro de esta obra no radica precisamente en lo lejos a lo que pudo llegar el ingenio de Bradbury sino lo cerca que estaba el mundo de esa realidad. Por entonces el “macarthismo” vigilaba y perseguía no sólo las ideas comunistas sino el hecho mismo de que la gente tuviera ideas. En la obra son los bomberos los encargados de quemar las bibliotecas clandestinas de particulares díscolos. Y los héroes huyen hacia las montañas memorizando una novela, un poema, un tratado de filosofía. Así se salvan del fuego no los libros sino la humanidad y su morar eterno.
Esta metáfora de la censura, que en lo real iba a destruir el poder creativo de la comunicación y de la interpretación a escala planetaria, es una crítica en defensa del pensamiento. No es casual que sea el sistema norteamericano de ayer y hoy, uno de los más controladores a nivel estético y académico. El cine devino propaganda, el periodismo control de la opinión, y la poesía y la filosofía, la literatura en general; sin bien no es quemada en hogueras policiales la han limitado a la esfera del estudio para especialistas, hasta su desuso.
Ciertamente, dice el autor de Fahrenheit 451, no tienes que quemar libros para destruir una cultura, sólo haz que la gente deje de leerlos.

En 1999 ya no un escritor de oficio sino un soldado al servicio de lo maravilloso, Hugo Chávez Frías, escribe junto al pueblo uno de los libros más hermosos de nuestra historia: la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela que iba a inscribir definitivamente el alma de este pueblo en un destino creador. Este libro azul y de bolsillo, que el Comandante cariñosamente llamaba “nuestro Popol Vuh” no estaba hecho de leyes solamente; es él un ejercicio de esperanza que nos devuelve el derecho a unas palabras que la traición había prohibido: la participación, la responsabilidad, el protagonismo, la independencia, el saber. Éste es el libro fundacional, decimos bien: el libro de donde vienen todos los demás.
Como en la novela, a este libro azul lo intentaron quemar muchas veces los injustos, los ambiciosos, los que no tienen país y viven de ello. ¿Pero cómo puede quemarse lo que ha nacido de un fulgor, Comandante? El pueblo, que es el héroe de tus ideas, memorizó contigo, el sentido de cada palabra. La hizo suya, la hizo carne, la hizo real.
Por primera vez a los derechos sociales, políticos y económicos siguieron los derechos culturales escritos con lo más plural de nuestros nombres. Hoy es el día en que los lectores, los libreros, los poetas, los editores, venimos a decirle Gracias al más grande promotor de lectura, al más amante de la humanidad. Y a darte en ofrenda nuestra labor infatigable. No es posible enumerar los libros que imprimiste Comandante, cientos de millones y millones de páginas que sigues imprimiendo; de todas maneras no es eso lo que cuenta. Basta con leerlas en los ojos de este pueblo que se ha hecho inmune al engaño y a otras formas de violencia. Venimos a decirte lo que ya sabes: La patria está segura porque la armaste de conocimiento.
Volveremos mañana y pasado mañana para pensar contigo la razón infinita de cada día. A fe de que todavía nos quedan páginas que vivir juntos: un Plan para la Patria.

A las 4y25 de este instante eterno, en nombre del porvenir del pensamiento y de lo que somos juntos, de lo que podemos hacer desde ti, Padre; ante las nuevas hogueras que amenazan con secar esta revolución que es un río
Decretamos:
1- El insomnio: para que el deseo no se duerma y esté puntual en la batalla
2- El insomnio: para que nadie robe nuestra noche ni nos tomen a traición el alba
3- El insomnio: porque la luna está muy sola y no podemos permitir que nos la pisen
4- El insomnio: porque es tiempo de decir y reinventarnos
5- El insomnio: sobre todo en los laureles que son trampas
6- El insomnio: porque despierto es que se sueña
7- El insomnio: que ya tendremos tiempo de dormir la siesta
8- El insomnio: puesto que el incendiario no descansa ni da tregua
9- El insomnio: porque la noche canta y su verdad es bella
10- El insomnio: que de tanto despertar estemos vivos para siempre.
11- El insomnio: hasta que la imprenta de Hugo Chávez termine de escribir la historia, su historia, nuestra historia.

¡Hasta entonces y hasta cada rato siempre Comandante!

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