Consejo Legislativo Guarico/ Día del Periodista/ Discurso de orden a cargo de Marialcira Matute

DISCURSO DIA DEL PERIODISTA 3 DE JULIO DE 2014
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Gracias, compañeros, por la oportunidad de compartir con todos un nuevo aniversario del Día del Periodista, 27 de junio, fecha que celebramos en homenaje a la creación del original Correo del Orinoco, que hace 196 años hizo posible un gran lector y comunicador, nuestro Simón Bolívar; que hace pocos años refundó el primer librero mediático, lector y comunicador Hugo Chávez y ahora siguen impulsando el Presidente Nicolás Maduro y su equipo de gobierno.

Para mí, que soy lectora y he dedicado mi profesión como Comunicadora Social a la promoción de la lectura, es especial ser oradora de orden para celebrar en el Consejo Legislativo el día del periodista acá en Guárico, un Estado en el que Carola Martínez y Ramón Rodríguez Chacín se han convertido en grandes impulsores del amor por el libro y la lectura, acompañados de un equipo eficiente de periodistas como Grevimar Carpavire y Libonny Pérez, entre otros; de bibliotecarios tan entusiastas como Wollmer Uzcátegui y toda la gente de la Biblioteca Pública Central y el resto de las bibliotecas del Estado, del Gabinete Cultural y de muchos lectores que hacen de Guárico un sitio modélico para la promoción de la lectura en Venezuela, aprovechando diversos medios de comunicación.

Leo estas palabras, por tratarse de un evento formal, aunque algo pendiente que tenemos en estos tiempos de cambio es olvidarnos de los protocolos, que no hacen feliz a nadie, como dice Gustavo Pereira.

Pero atención, hay protocolos que forman parte de una planificación, de un ordenamiento de actos o de procedimientos, que favorecen la organización, que no son vacuos y que perfeccionan la ejecución de actos, proyectos y programas. Pensaba, cuando Grevimar Carpavire y Libbony Pérez me llamaron para invitarme , como voceros de la seccional Guárico del Colegio Nacional de Periodistas, que esta sería una oportunidad de refrendar el compromiso con el camino de la solidaridad y de la paz en el país, a partir del campo donde nos toca actuar, de manera que la celebración del Día del Periodista no sea sólo un protocolo vacío donde actividades como un servicio religioso, ofrendas o reconocimientos, sean rutina, sino contengan un profundo compromiso de cada uno de nosotros en la actividad laboral que desarrollemos. Abracémonos y dediquemos nuestros espacios a felicitar y reconocer generosamente las actividades y los trabajos de otros, tanto en el oficio de la comunicación, como en cualquier otro que construya patria, sin solemnidades, sino con alegría, expandiendo este carácter venezolano que nos hace felices.

Decía Sábato en su libro “La Resistencia”, y siempre lo traigo a colación, que “tenemos que reaprender lo que es gozar”. Que gozar no es comprar cosas o trabajar sin pensar en el ser humano, que gozar es apreciar los grandes momentos de la vida, y los pequeños momentos como la conversación de la amistad y del amor, los encuentros solidarios, la alegría.

Voy a concentrarme en dos temas para el debate y la reflexión: El gremio periodístico y el valor la lectura en el oficio comunicacional.

Reflexiones en lo atinente a nuestro gremio
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Desde hace muchos años distintos colectivos de periodistas e individualidades de la comunicación, en diversas oportunidades, han propuesto unas reformas y actualizaciones a la Ley del Ejercicio del Periodismo y la revisión del código de ética, además de discutir acerca de la estructura y funciones del CNP. Todos estos instrumentos tienen años de desfase en relación con la constitución vigente, que dibuja un proyecto de país muy diferente al que existía cuando se creó el CNP, cuando se formularon esas leyes. Muy diferente al país que generó la recordada AVP.

Tengo y hemos tenido todos muchas, diversas inquietudes, preocupaciones. ¿Por qué no hubo elecciones en esta organización durante casi una década, hasta 2008? ¿Por qué tantos recién graduados en comunicación no quieren afiliarse, porque ha habido tan alta abstención, tal desinterés cuando se realizaron esas elecciones, en las subsiguientes? En esas elecciones luego de 10 años hubo casi 90 por ciento de abstención. ¿No es para llamar a la reflexión, al debate? ¿Cuán válidas son esas elecciones por la vía de los hechos?

Sabemos que hay asuntos por revisar en el CNP, y también que las seccionales Yaracuy y Guárico se han destacado por su compromiso con la concepción gremial que las agrupa, y ello las distingue del deficiente panorama que lamentablemente muestran la mayoría de las seccionales.

Es de destacar la calidad académica y la entrega no sólo a la profesión, sino al combate no sólo por un mejor ejercicio del periodismo y por un gremio digno y al servicio de los profesionales de la comunicación en esta seccional Guárico que hoy nos convoca.

Muchos de los eventos y reuniones que se convocaron desde el CNP Caracas en esa época de las elecciones de 2008 se realizaron en sitios no acordes con la naturaleza gremial, como por ejemplo, en bares y no en ambientes o locales gremiales o que tuvieran que ver con la comunicación. Todo esto conforma una distorsión del concepto de colegiación o agremiación y también señales de la orientación y naturaleza de la dirección de este colectivo.

Debería preocupar a los periodistas, que existan organismos de tipo gremial cuya capacidad de convocatoria es tan paupérrima que deslegitiman su representación, deslegitimación que enmascaran porque disponen de gran impacto mediático prestado por los dueños de los grandes medios. Entonces, ¿no habría que preguntarse a cuáles intereses representan?

Debería preocuparnos de una manera concreta – y reconozco que ha habido intentos, aunque fallidos, para solucionar esto en los últimos años- que nuestra Ley de Ejercicio del Periodismo vigente y la propia estructura gremial tengan décadas de rezago en relación con la Constitución y estén por tanto desfasadas de la realidad actual. Porque nuestra República Bolivariana disfruta de una Ley madre que establece que vivimos en democracia participativa y protagónica; se trata de una etapa superior a la Venezuela de la llamada democracia representativa que generó esa ley del ejercicio del periodismo, que contradictoriamente sigue vigente. Esta es una cuenta pendiente sobre la que hay que trabajar con consistencia y persistencia por los periodistas y legisladores.

En los últimos años, entonces, es lamentable como se ha desfigurado la naturaleza propia de un gremio como el Colegio Nacional de Periodistas, convirtiéndolo, en la mayoría de sus seccionales, y principalmente en la de Caracas, en uno de los engranajes del aparato mediático que se pone, según nuestra visión, al servicio de intereses ajenos al de sus agremiados y, peor aún, al servicio de intereses empresariales. El gremio se debe a sus agremiados, independientemente de la visión política partidaria que tengan los directivos de esos agremiados. Un gremio no es un partido político, ni una organización donde primen objetivos políticos partidarios. Lamentablemente, en su mayoría, las seccionales del colegio, identificados con sus patrones, se dedican a hacer más militancia política de oposición al gobierno legítimamente elegido que a funciones de carácter gremial. Es un hecho. Esas seccionales, o mejor dicho , sus directivos, se identifican con los propietarios de los medios, los que se han constituido en un eslabón de la conjura mediática internacional contra la soberanía de nuestro país, y por su propia filosofía e ideario neoliberal representan a los intereses contrarios a los trabajadores, que en este caso son los periodistas y comunicadores en general. Se trata de una posición contra natura, al estilo de la demostrada por la CNT aliada con Fedecámaras para provocar el golpe de estado de abril y diciembre del 2002.

En todo caso, se ha despertado desde hace años una inquietud para revisar el tema de la agremiación, de la colegiación. Algunas agrupaciones se han formado, unas más constantes que otras, para debatir en torno a este tema. No debería haber periodistas indiferentes a este asunto, todos debemos contribuir para revisar esta situación, para reconquistar la verdadera naturaleza del gremio, para que éste sea legítimo representante de los intereses laborales, sociales, económicos de los periodistas, y que el movimiento se muestre andando. La usurpación de la naturaleza gremial de nuestros colegios debe cesar.

Reiteramos: Se ha perdido, en la mayoría de las seccionales, por la vía de los hechos, un instrumento poderoso para la defensa de los periodistas en todos los aspectos que se pueda pensar, profesionalización, protección de sus derechos laborales, de sus derechos sociales, y muy especialmente, del prestigio de una profesión cuya función social es muy importante para participar y colaborar en una sociedad sana e informada veraz y oportunamente.

Los directivos del CNP, especialmente en Caracas, permiten desde hace años la publicidad de una empresa en la página del Colegio Nacional de Periodistas de Caracas. Supongamos que hay un problema laboral con periodistas que trabajan en esa empresa. ¿Tiene acaso libertad el gremio de accionar? No. Y allí la perversión. Es un despropósito esa intromisión en una web de un organismo de carácter gremial, que los agremiados en bloque deberían rechazar con el agravante de que es una empresa que fabrica cerveza, entre otras cosas.

A la falta de credibilidad y confianza de la mayoría de los periodistas en ese tipo de acciones, como consecuencia de lo que acabo de expresar, se agrega algo que es gravísimo y que no tuvo la resonancia que debiera. Nos referimos a que el CNP tuvo hasta hace pocos años como presidente al ex corresponsal de la Voz de América, órgano divulgativo del Departamento de Estado de los EEUU. Sí. Repetiré. Fue presidente del CNP el corresponsal en Venezuela de ese órgano divulgativo del departamento de Estado de los EEUU cuyos gobiernos tienen una larga historia de violencia contra el derecho internacional y derechos humanos, que se caracteriza por su diaria y permanente injerencia contra muchos países, y que particularmente han apuntado sus baterías injerencistas contra Venezuela. Suficiente con este grave hecho para deslegitimar la independencia gremial en ese momento, en 2008. Por cierto, ese ex presidente del CNP ya no trabaja en un medio privado venezolano, casualmente vive en EEUU. ¿A los intereses de quién responde una persona de esas características? ¿A los agremiados? No. ¿Al país? No. Esto es de una gravedad inusitada. Debería haber causado una gran preocupación en un sector mayoritario de los periodistas, que en otros tiempos tuvieron organismos gremiales que cumplieron sus funciones a cabalidad, hayan sido dirigidos en años recientes por ese tipo personas que tienen compromiso con intereses anti nacionales y en consecuencia de dudosa libertad de acción.

Y la estructura actual del CNP permite todas esas irregularidades.

Son importantes otras consideraciones. Por ejemplo, no se reconocen, bajo el esquema actual de la ley, del CNP y del SNTP las fuentes populares de conocimiento en el área de la comunicación.

Me pregunto si ante el surgimiento de numerosos medios comunitarios y medios alternativos (que no son lo mismo, hay que definirlos adecuadamente y por separado, son diferentes, tienen características, ámbitos y objetivos propios) no debería pensarse en articular en una misma Ley el ejercicio de todos los tipos de comunicación, respetando las características de cada uno. De esta manera se adecuaría la real situación actual de la comunicación a través de la respectiva Ley de conformidad con la Constitución Vigente de la República Bolivariana de Venezuela. Es una necesidad discutir este tema y debe hacerse en debate público, participativo, planificado y con etapas definidas a cumplir para evitar su frustración. Es tiempo de concretar y superar tantos intentos fallidos en torno al tema.

Es oportuno comentar que en relación con el tema de los distintos agentes de la comunicación, egresados universitarios o formados en la gestión diaria de la comunicación, se han producido falsas oposiciones, llegándose al extremo, en algunos ámbitos, de execrar la academia , como si la academia, al igual que la experiencia, el oficio diario o el saber popular no fuesen cada uno respetables y válidas fuentes de conocimiento y de formación.

Los libros y el periodismo tienen mucho que ver
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Expresado todo esto, retomo el tema de la promoción de la lectura, que es al que he dedicado la totalidad de mis esfuerzos como Comunicadora Social egresada de la UCV en 1992.

En un periodista, más que en cualquier otro profesional se hace evidente cuando no es lector. Su hábito de lectura debe ser diario.

En ese sentido, el oficio periodístico es quizás más que ningún otro una labor que requiere una preparación intelectual continua, sin descuidar por ello la sensibilidad ante el ser humano. El periodista debe trabajar buscando una actualización permanente de sus conocimientos. Tener una disposición inagotable a aprender, a servir, a ser útiles con lo que producimos y hacemos visible en los medios. Y la lectura es una herramienta insustituible para la formación del periodista. Un periodista que no es al mismo tiempo un ávido lector, que no contrasta fuentes, que no analiza a profundidad antes de escribir, difícilmente superará la mediocridad.

Lectores y analistas como Luis Britto García, que es de profesión abogado pero de oficio un extraordinario periodista de investigación y un escritor fuera de serie, son ejemplos a seguir. El periodista, en los tiempos que corren, debe tratar de especializarse, sí, en una fuente, pero ha de manejar para una mayor efectividad en la divulgación del mensaje todas las formas de comunicación: oral, escrita, audiovisual y conocer los intríngulis de las redes. Pero todo esto tiene como base la pericia en el manejo del lenguaje que se nutre, principalmente de la lectura constante. Incluso en este terreno debemos profundizar más, ser más sutiles, medir el valor de los términos y de la palabra, la oportunidad, sus contenidos y lo que expresan.

Todos los periodistas, para mejorar, deben revisarse cada día. Deben estar actualizados en relación con el trabajo de los colegas en el país y en el mundo. Y preguntarse si están destinando toda su preparación intelectual al cumplimiento del Código de Ética y de la protección de la soberanía de la patria a la que sirven. El ejercicio de su profesión, la comunicación, es de una altísima responsabilidad por su también alta repercusión social. Lo que comuniquen tiene una gran influencia en el medio social, puede formar opinión pública. Por esta razón deben estar comprometidos con la razón, la honestidad, en forma rigurosa y militante. Defender la independencia de su oficio para ejercerlo al servicio de los grandes intereses nacionales, de la convivencia, de la felicidad social, en fin, de la paz.

El húngaro Sándor Marai describe magistralmente en su novela “La amante de Bolzano”, que se desarrolla en la Venecia del siglo XVIII lo que significa la escritura, que es una herramienta fundamental en nuestro oficio. Lo dice así:

“La escritura es la fuerza más poderosa que existe; la palabra escrita tiene más poder que el papa, más que el rey, más que el dux…Creo en la escritura, porque la escritura tiene poder sobre el destino y sobre el tiempo. Todo lo que uno hace, todo lo que desea, todo lo que ama, todo lo que dice, se acabará algún día…pero la escritura permanecerá”

En estos años y en estos días, que pasan tantas cosas, que a veces producen confusión, aún hay comunicadores que escriben para el tubazo, que no se detienen a pensar en ese poder de la palabra que nos describe de forma tan clara Sándor Marai , ese poder que es todo y que puede crear y puede destruir.

¿Es tan importante opinar sobre un tema sin habernos empapado de todo lo que lo circunda? ¿Debemos juzgar a los protagonistas de un hecho sin pensar en el dolor que podemos causar? Difamar es un delito, y es también un acto de crueldad que puede acabar con una vida, con una carrera. Así lo comentaba Eleazar Díaz Rangel en su discurso como ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar. Periodismo ético es vivir en la conciencia, es pensar antes de escribir, es conocer y privilegiar al ser humano y a la condición de servidores públicos que somos. Eso es hacer periodismo o al menos así lo entendemos quienes respetamos el código de ética que nos indica que lo primero que debemos buscar y divulgar es la verdad y no elucubraciones o especulaciones. No es, como denunciaba Desirée Santos Amaral en su discurso en la entrega de los premios Municipales en Caracas, echar porquería al mundo y después lavarnos las manos. Desechemos el ego de la primicia, del intento de pretendida sagacidad, de ser el primero, a costa de la irreflexión y de la responsabilidad.

Daniela Saidman, poeta y periodista venezolana, tiene un escrito muy hermoso que siempre reseño, y que incluye estas palabras: “Aprendimos que el arte está siempre contra el poder… y no hay duda de que es así. Y lo aprendimos a golpe de silencio, de persecución, exclusión y tantas formas con más o menos sutilezas que pretendieron siempre ponernos de rodillas o a mirar las páginas de sociales de las industrias informativas como si eso fuera cultura… estoy segura que todas y todos los cultores, intelectuales y artistas de nuestro país, están y estamos contra el poder. Eso quiere decir, contra el poder hegemónico, contra el pensamiento único, contra los menos que mucho tienen como diría Galeano, que quieren imponernos cómo mirar, pensar, sentir y expresarnos. Contra el poder también significa que nos oponemos a las opresiones, a las miserias, al hambre, a la falta de escuelas, a las dictaduras y las dictablandas y a la escasez de sensibilidad expresada por cualquier medio o de cualquier forma.”

Si cambiamos en ese escrito de Daniela Saidman la palabra “arte” por “periodismo” sigue teniendo sentido. El periodismo tiene que estar en contra del poder hegemónico impositivo y excluyente, y por lo tanto a favor de la soberanía nacional, por la autodeterminación de los pueblos, por los intereses populares, por la inclusión sin exclusión, por la justicia social que significa educación, cultura, salud, alimentación, vivienda, dignidad. Es decir, patria para todos.

Tenemos que tener presentes los siguientes datos para entender, en materia de comunicación, como se representa el poder y cómo se manifiesta en nuestra área.

Según una investigación reciente de Luis Britto García, “operan en Venezuela 2.896 medios, de los cuales sólo 3,22% son de servicio público, 20,76% son comunitarios, y el 65,18%, unos 2.332, privados y casi unánimemente opositores. Los medios comunitarios son de poco alcance y efímeros. En cuanto a los canales de difusión, la derecha opositora detenta una brutal hegemonía.” Al conocer estas cifras, el mito actual de la “hegemonía comunicacional del Estado” y la mentira de que se quiere imponer un pensamiento único desde el gobierno queda desmontada por la vía de los hechos, que demuestran precisamente lo contrario.

Algunos términos que aún se emplean en este Siglo XXI, deberían revisarse, y muy especialmente en la Venezuela Bolivariana. Es tiempo de observarnos a nosotros mismos, para no seguir usando, modelos, expresiones, hábitos culturales impuestos por la industria cultural estadounidense.

Me gustaría comentar algo que parece intrascendente pero que es representativo de la imposición cultural, por poner un ejemplo entre miles.

Los términos rey, reina o princesa, impuestos como un halago por los centros hegemónicos y la tradición- repetidos en concursos de belleza que entendemos sean de interés para canales de televisión comerciales, pero inaceptables por lo que representan y que todavía algunas organizaciones bolivarianas en casos aislados propician- son de uso corriente; sin advertir que tales términos aluden a privilegios, prepotencia, exclusión, injusticia, atraso, sin recordar que tales tratamientos nobiliarios no tienen valor alguno en Venezuela por mandato constitucional. Usarlos con una connotación positiva es un error que muchos cometen.

Mark Twain había advertido hace más de 100 años: “El oficio de rey no merece respeto alguno. Originariamente se ganaba por los métodos del bandolero: sigue siendo un crimen perpetuado…tiene como objetivo… el frío, el hambre y el agotamiento de los útiles para que los inútiles puedan vivir en el lujo y la holgazanería.” Si trasladamos el juicio de Mark Twain, ¿cómo quedaría que en lugar de decir “la reina de tal cosa…” dijéramos: “la bandolera de tal cosa…”? Porqué son equivalentes.

La sentencia de Mark Twain es aún más vigente en la actualidad, y su definición se encuadra con el personaje que en estos días abdicó de una forma muy original conservando prácticamente todos los derechos que poseía y, lejos de renunciar a ellos, los multiplicó en su sucesor en España.

Es responsabilidad de los periodistas saber que la palabra es una herramienta de poder y no podemos usar las palabras desde la inconciencia.

Isidoro Hugo Duarte, comunicador alternativo uruguayo venezolano, en su discurso al recibir la orden Wariarepano del Concejo Bolivariano Libertador de Caracas hace algunos años, afirmaba: “Debemos ser firmes pilares en la orgullosa práctica del periodismo popular y ético, y elevándonos más, ser constantes militantes de nuestro proceso bolivariano, constituyéndonos en ejemplos y modelos de la sociedad…”

Momo, un personaje de la novela llamada así, del escritor alemán Michael Ende tiene una cualidad esencial para un periodista: sabía escuchar con verdadero interés. No sólo debemos aprender a leer con atención, sino a escuchar, a escuchar con interés, a respetar a nuestros entrevistados.

Todas estas reflexiones son, a mi juicio, urgentes, imprescindibles, aunque a algunos pareciera no importar. Como escribe la recientemente fallecida novelista española Ana María Matute en su novela “Paraíso Inhabitado”: “…aquello que todo el mundo llamaba años, o tiempo, y yo no sabía cómo llamar, era un dragón devorador.” No podemos dejarnos devorar por el tiempo de la indiferencia, debemos revisarnos cada día, aprender de los otros sin envidias ni soberbias, y, como nos decía Robinson, enseñar a aprender a los otros lo que sabemos sin falsas modestias, ni vacuas vanidades.

En un país como la República Bolivariana de Venezuela, Territorio Libre de Analfabetismo, 5to. Lugar en matrícula universitaria, un país lector, los periodistas tenemos mucho que celebrar, pero también un camino por recorrer hacia el perfeccionamiento constante de nuestro oficio que no es más que servir, que ser útiles. En una entrevista reciente el autor del libro “La Conciencia de la Lealtad”, el G/J Jorge García Carneiro, nos expresó: “Que sea prioridad para nosotros ser útiles, no importantes.” Más nada.

Estamos en otros tiempos, aunque algunos no quieran aceptarlo y dediquen su existencia a intentar destruir o denigrar el trabajo de los demás. Vivimos un cambio de época, como bien lo definió el Presidente de Ecuador, Rafael Correa.

Otros tiempos para los que algunas viejas estructuras ya no sirven, otros tiempos para los que nuevas formas de organización y formas de entender los oficios han de generarse en este y en otros ámbitos. Formas de organización y de entender los oficios solidarias y generosas que hagan que el trabajo por un gremio mejor, por un periodismo mejor no se atomicen, que se optimicen los esfuerzos.

Formas de organización gremial que no hagan sentir ajenos a ellas a la mayoría de quienes nos dedicamos a este trabajo que sí, como dijo García Márquez, es el mejor oficio del mundo, como lo es cualquier oficio para quienes lo ejercen por vocación, con honestidad y compromiso, dejando de lado intereses mercantiles.

Y es que ejercer un oficio con pasión, con entrega, como un servicio, sintiéndonos útiles, es tan satisfactorio como un amor correspondido y verdadero.

Finalizo entonces volviendo nuevamente a la literatura que es mi referente cada día para el periodismo y para la vida, con otro pasaje de la novela “El amante de Bolzano” de Sándor Marai, que al definir la vida y el amor sano y sereno de pareja define también la plenitud que sentimos quienes tenemos el privilegio de ejercer el oficio para el que tenemos vocación, y que para nosotros es el Periodismo.

Dice así Sándor Marai:

“La vida es cuando un hombre y una mujer se encuentran porque están hechos el uno para el otro, porque tienen algo en común, porque tienen que ver el uno con el otro, como la lluvia que cae sobre el mar y vuelve a renacer con él, creándose y recreándose mutuamente, y siendo el uno condición del otro. Y esa plenitud crea algo, crea la armonía, y esa armonía es la vida. Sucede pocas veces entre los seres humanos.”

Que sea el periodismo, para la mayoría de quienes se dedican a este oficio, ejercicio pleno y armonioso, para la liberación y no para la opresión. Que motive la reflexión y el pensamiento, que acompañe la dignidad del hombre y que nos ayude y ayude a los demás, a dejar tras de nosotros un mundo más justo y más hermoso.

Mil gracias de nuevo a todos por esta oportunidad, por esta alta tribuna, en la que he podido plantear con todo respeto temas para el debate y celebrar una vez más al verdadero periodismo.

Feliz Día del Periodista, un fuerte abrazo y la invitación a leer siempre y a leer de todo para todos aquellos que se sientan Comunicadores al servicio de la verdad.

Marialcira Matute/CNP 7331/ San Juan de los Morros, 3 de julio de 2014

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