Aquí: conoce a TVLECTURAS e incorpórate: haz microvideos sobre libros y lecturas…

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A partir de esa actualización, y como estamos en tramitación de la señal alternativa abierta ante la Comisión Nacional de Comunicaciones CONATEL,no estamos subiendo los videos quincenalmente, como lo hicimos desde la actualización 1 a la 20, sino cada vez que nos llegan, de modo que una vez envíes el link de tu micro de no más de 7 minutos, subido a youtube , lo publicaremos junto a tus datos. Vale desde un video hecho en un celular, hasta lo más sofisticado, siempre que el tema sea relacionado con libros y no contenga contenidos ofensivos.Los videos deben ser de tu autoría.

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9 comentarios en “Aquí: conoce a TVLECTURAS e incorpórate: haz microvideos sobre libros y lecturas…

  1. Saludos, Isidro, cada año entre noviembre y febrero recibimos cuentos breves y poesías de cualquier parte del mundo. Esa es la característica del concurso, es para literatura breve , para textos de no más de 50 palabras, pues es el formato ideal para la edición del premio que reciben los ganadores, que es la participación en las producciones audiovisuales Libro Radial y Libro Televisivo que hacemos cada año y cuyas muestras puedes ver en el blog. Escritos de mayor extensión sería imposible incluirlos en esos trabajos antológicos, de modo que te invitamos a participar pero sólo con textos breves. Cordiales saludos.Marialcira Matute

  2. AMOR DE ESCLAVO

    “El amor por alguien no merecido,
    es peor que la esclavitud de las propias cadenas”.

    Un día, Lamin vio el amanecer en el tronco. Tenía los grilletes gruesos que usan para castigo. El recuerdo del día anterior le llegaba borroso. Pero el rostro furibundo del amo activó las imágenes de los momentos previos al golpe que le dio el capataz. Se encontraba en la barraca, hablando de la señora con otros esclavos. Hacía un relato minucioso de su vigor en la cama, al punto, de comparar a la mujer blanca con la negra. El amo Hernando escuchaba escondido, arropado por la noche. Había detenido el ímpetu del capataz que quería silenciarlo y castigarle de una vez. La ofensa a su señor no puede perdonarse, sobre todo, cuando es tan grave. Lamin revela con una sonrisa lo que le dijo Antonieta, gimiendo de placer en el camastrón.
    –Sí hermanos, seré libre, y mandaré en la casa grande. Ella me lo prometió. Siendo señol otro gallo cantará…podrán ser libres.
    Hernando no soporta más, y da seña a Juan con la cabeza. Ambos salen de la sombra, y caminan hacía la rueda humana, cerca de las antorchas. A medida que el amo se aproxima, los negros callan, el temor los paraliza. Lamin parecía un muñeco de arcilla, quedo y frágil a la vez. Tenía la vista hundida en tierra, y sólo miró al amo segundos antes de recibir el golpe del mosquete.
    -No tienes remedio negro apestoso, ¿no sé qué haré contigo? Si no fuera porque necesito brazos para la plantación, te vendería.
    Hernando gira a su alrededor, y evalúa su espalda.
    -A ti como que te gustan los azotes de Pedro, te encantan las marcas en tu espalda, ¿verdad? De aquí no saldrás hasta que lleves una buena lección por tu osadía. Mi esposa es una zorra de corte, lo sé, pero eso no te da derecho a pretenderla. Nunca serás libre, y mucho menos señor de mis tierras. Para ello tendrías que cambiar el mundo. ¿Quién te crees negro?

    Hubo una pausa, unos instantes de silencio para el castigo. El capataz se aproxima, y toma impulso. El picor del primer golpe se hace ardor intolerable, pero la rabia que siente le fortalece. Cuarenta golpes de fusta no eran suficientes para atenuar la venganza de Hernando.
    -¡Pedro!, me lo pondrás tres días en el cuarto oscuro, sin comida o agua, a ver si a este se le quitan las malas mañas.
    Lamin estaba casi moribundo, con las muñecas sujetas a los grillos, y los brazos prensados por el peso de su cuerpo. La boca del amo habló directo en su oído:
    -Que no sepa otra vez que te metiste en su cama, o que andas diciendo estupideces como las de anoche…negro.

    El viejo Mahamadou silba como ave nocturna en medio de la noche. Olaudah escucha y responde. El mensaje es claro. Todo está despejado. Hace una hora que el capataz duerme. Los blancos que custodian el cuarto de castigo, se distraen con las negras chupando aguardiente de caña. Las negras son cómplices para distraerlos. Bailan, y muestran sus piernas lampiñas. Coquetean con sensualidad irresistible dominando sus ojos. Mahamadou se escabulle envuelto en oscuridad y llega al cuarto de castigo, su hijo, duerme agotado por las heridas y el hambre.
    – ¡Lamin!, ¡Lamin!…dice.
    Su muchacho no responde. Un pensamiento funesto se le cruza, pero sacude su cabeza. Entonces su hijo tose varias veces y carraspea:
    -Pae, ¿estás ahí?
    La oscuridad es densa más allá de los barrotes.
    -¡Acércate hijo, estoy aquí! Gracias al cielo que vives, por un momento te vi muerto.
    –Yo también lo pensé cuando vi tanta oscuridad. Pae, tengo hambre.
    -Aquí tienes, agua y fruta, fue lo único que pude conseguir.
    – ¿Recuerdas aquel blanco que mató a madre en África? ¿Lo recuerdas?
    -Sí hijo, lo recuerdo.

    -Era una bestia pae, su cara me dio tanto miedo, que nunca la olvidé, a pesar de tener sólo cinco años.
    –Sí, era perverso ese cazador de esclavos portugués.
    -Luego nos vendió a los españoles, al capitán Herrera, ¿recuerdas?, dijo Lamin.
    –Sí, lo recuerdo, pero ese fue peor aún hijo.
    – Hoy, vi la cara de aquel perverso portugués cuando miré al amo. Me habló con mucho odio, como si quisiera matarme.
    –No es para más Lamin, tiene celos por su esposa. Cualquier hombre blanco o negro o indio, tendría odio contra el que tomara su esposa. Tienes suerte que no te matara o vendiera.
    –Pero lo hará pae, seguro después de la cosecha.
    –Todavía falta tiempo, tal vez se aplaque su ira. Si te portas bien, tal vez te perdone.
    -No sé, amo a mi señora, no puedo sacarla de aquí…- y puso la mano sobre su pecho.
    -Pero lo harás Lamin, lo harás.
    -Se hace tarde pae, aquellos miserables pueden venir.
    -No hijo, los blancos duermen, puedo estar contigo un rato más.
    –No sé que haría sin ti. Casi muero sin esta agua que traes.
    –Eres mi hijo, ni siquiera estos barrotes pueden separarme de ti.

    Después de tres días, Lamin regresa a la faena. Ha iniciado la cosecha y el trabajo es arduo. La vida bajo el sol inclemente con un látigo royendo la espalda siempre será ardua. Desprenden el cacao de la mata y lo echan en canastas para luego cargarlas hasta el granero. No es fácil. Las frentes parecen cascadas de sudor ardiente. Las aguadoras visitan de vez en cuando, en el límite de la resistencia corporal. No es mucha la descarga que hacen en cada boca seca, sólo para un buche. Son las indicaciones de Pedro, pero cuando viene el amo, les dan más. El amo sabe que con sed poco rinden. Mientras que Pedro los ve como dromedarios del desierto africano. Pretendiendo sacar vigor de cuerpos agónicos.
    Lamin fue descubierto infraganti otras veces en la casa grande, y cada vez, era más fuerte el castigo. Ya no podían contarse las marcas de su espalda, ni las cicatrices, ni las quemaduras de fierro en su rostro. Estaba muy delgado y pálido, por los muchos días sin probar agua o pan en el cuarto de castigo. Los consejos de Mahamadou carecieron de fuerza frente a ese amor enfermizo. Lamin pensaba que Antonieta también sufría por su lejanía. Que poco podía hacer contra las decisiones de Hernando. Y si fuera por ella, sería libre. Lo que no sabía, era que su ama ya lo había cambiado por otro esclavo.
    Un día, encontró el cadáver de Olaudah en el granero. Padre lloraba sobre el pecho de su hijo mayor. Muchos hermanos reunidos bajaron la cabeza mientras se escuchaba el sollozo de Mahamadou. Allí Lamin supo que padre siempre tuvo razón. La doña envenenaba a los negros que ya no le interesaban. Era como una especie de bruja mala que absorbía la chispa viril de los hombres.

    Todos los Derechos Reservados Axel Robert Blanco Castillo
    Caracas, 5 de Octubre 2010

  3. LAS ÁNIMAS SALEN DESPUÉS DE LA HORA NONA

    Todas las noches después de la hora nona, cruzan la calle un grupo de ánimas comandadas por una coja. Recorren la acera en busca de imprudentes que otean como lechuzas por las ventanas. Una vez, una vieja entrépita llamada Eulalia, famosa por sus chismes (parece que hasta había destruido matrimonios y familias enteras por su lengua), se divertía metiendo el ojo por la rendija de su ventana. Sabía que era la manera más discreta de enterarse de todo. Pero la calle era un desierto. Eulalia con modorra, resiste un poco más. Cree que puede darse lo de la otra noche, el pleito de Juan con Josefina. El estrépito de golpes, gritos, y la bocina de la poli. Había sido toda una fiesta. Una delicia.

    Un taconeo la pone alerta. Murmullo de gente, como de una procesión. Sus sentidos se agudizan. Se acomoda los espejuelos con el dedo, y sopla el polvo de la abertura para clarificar la visión. No ve nada. El murmullo se ha ido. Pero alguien toca su ventana: -¡Eulalia abre! Algo le dice que no lo haga, pero ni siquiera el miedo que siente, logra aplacar su curiosidad. Al abrir, ve un grupo de mujeres vestidas de negro. Eulalia se paraliza. Una coja se acerca y le dice: -Vengo mañana por sal. Acto seguido, desaparece ante sus ojos. Eulalia sale corriendo: ¡Ayuda! ¡Madre! ¡Ayuda!

    La historia dice que Eulalia siguió las indicaciones de su madre anciana, y buscó un niño de pocos días de nacido. Y en el momento justo, cuando se detuvo el tlac tlac de la coja en su ventana, lo pellizcó. Dicen que el bebé lanzó un chillido tan fuerte, que aquellas ánimas se volvieron al mismo infierno.

  4. MUERTE EN EL BARRIO

    Mari descendió ese día por la calle principal. En realidad es una larga escalera de concreto, que zigzaguea entre una aglomeración de favelas de diferentes colores. Baja los peldaños con su nuevo novio, el chino. No se toman de manos para evitar pleitos con Colín (su antiguo novio), que se encuentra en aquella esquina del poste. Colín, ya los vio. Sus ojos se ponen brillantes, su mano se mete dentro de la camiseta, y mueve algo que parece ser un revolver. Colín, se aproxima con la mano metida allí, bajo la camiseta. No le quita los ojos al chino. El chino, resteado, toma del brazo a Mari. Mari, tiembla. Colín, frunce el entrecejo. El chino, pone atrás a Mari, y se cuadra. Sus puños son blancos y huesudos. Colín, se ríe, y saca su mágnum. El silencio en el barrio se rompe una vez más con las detonaciones. Colín, huye cerro arriba. El chino permanece aún de pie, y mira los ojos de Mari. Una lágrima se sale de su ojo, luego otra, y otra… Los tiros se acentúan en su camisa a medida que la sangre fluye. El chino pasa un brazo sobre el cuello de Mari, y desciende lentamente. Cada peldaño es más fuerte. El dolor le ha nublado la visión. En un instante, se detiene, y cae sobre Mari, que llora y pide ayuda, pero nadie la escucha. Su voz es sólo un eco. Su llanto sólo sirve de consuelo al que agoniza.

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